24.05.13 AlgoritmoTrabajamos gratis para Google, también para Twitter y Facebook, creamos los contenidos en estas redes sociales y ellos aprovechan esta circunstancia para articular de manera directa toda su maquinaria publicitaria. Abrir, por ejemplo, Youtube con la cuenta de Gmail en funcionamiento te lleva a una oferta diferente a la que tendrías acceso si no hubieras entrado antes en Google y a su vez varía según accedas a la red a través de un PC, un Ipad o un teléfono móvil.

No cuesta imaginarse lo que podría ser esta situación aplicada a otros ámbitos de nuestro quehacer diario. Entrar en una tienda en la que desde que cruzas la puerta de entrada disponen de toda la información sobre los objetivos de tu visita y te dirigen hacía los que habitualmente consumes sería una escena, cuanto menos, pintoresca. La improvisación o la opción de alterar tus preferencias quedan secundadas ante la seguridad de cerrar esa venta.

Las grandes empresas no son ajenas a las ventajas que reporta tener una gran cantidad de información de sus potenciales usuarios. Conocer las preferencias o necesidades de los puntos de destino y origen es, por ejemplo, para las compañias aereas una fenomenal oportunidad de retirar a la vista los billetes más asequibles y tratar de que el cliente se decante por opciones más caras.

En el mercado financiero, el trasvase de información cobra una importancia suprema y en ese sentido la sorpresa ha sido generalizada al saber que los periodistas de la agencia Bloomberg han tenido acceso a las terminales de las bases de datos de la empresa. Esta herramienta es el gran sostén de los operadores financieros y solo con su transito de usuarios se puede vislumbrar el futuro más cercano de las operaciones bursátiles.

En una sociedad donde crece el escepticismo, los algoritmos se han convertido en quien ‘todo lo sabe’ y quienes marcan lo que hay que comprar y el coste que debemos pagar.

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